Los estudios
Lo que la Iglesia dice sobre Garabandal

Don Valentín Marichalar Torres era el párroco de San Sebastián de Garabandal cuando, un 18 de junio de 1961, unos vecinos le vinieron a contar que cuatro niñas del pueblo —Conchita, Jacinta, Mari Cruz y Mari Loli— habían visto un ángel. El buen cura habló con las niñas. Sobre todo los primeros días, se las cogía nada mas terminar los éxtasis y las interrogaba. A don Valentín le impresionaba que, a pesar de su corta edad y de que no sabían cuáles iban a ser las preguntas, las pequeñas no se contradecían en sus respuestas. Tres días después de que todo comenzara, don Valentín tenía ya datos suficientes como para hacer una comunicación oficial al Obispado, donde comenzó a enviar regularmente crónicas en las que recogía con detalle todo lo que estaba sucediendo en su parroquia.

La curia diocesana descartó desde el primer momento la sobrenaturalidad de los acontecimientos de Garabandal. Con todo, y debido a la expectación que se había creado alrededor de las niñas, se nombró una Comisión que estudiara los hechos. La precipitación con la que esta trabajó puede deducirse observando la fecha del primer documento oficial al respecto, que se apoya en el informe elaborado por la Comisión. Si el 18 de junio de 1961, las cuatro niñas declaran haber tenido la primera aparición del Ángel, el 26 de agosto de 1961, apenas dos meses después de iniciarse los fenómenos, se publica la primera nota episcopal en la que se afirma: «Nada, hasta el presente, nos obliga a afirmar la sobrenaturalidad de los hechos allí ocurridos». En estos momentos, se contaba todavía con muy pocos elementos de juicio y era comprensible la petición de prudencia: no habían sido comunicados aún los mensajes; no se había tomado declaración a las niñas ni a sus familiares, ni siquiera al párroco; no había habido tiempo material para comprobar los frutos espirituales que pudieran darse… El problema fue que, en la práctica, la investigación terminó ahí, aún cuando ocasionalmente la Comisión remitiera algún otro escrito al Obispado. Las conclusiones se sacaron ya en ese primer verano de Garabandal, sin darse el tiempo necesario para estudiar lo que realmente estaba sucediendo en Garabandal. Y a este primer informe y a esta primera nota se remitirán siempre las sucesivas declaraciones oficiales. Pero los informes de la Comisión nunca se hicieron públicos, por lo que no pudo saberse en base a qué se hacía esta negativa valoración.

Que esta primera Comisión, y por lo tanto sus informes, no pueden ser tenidos en cuenta se desprende del hecho de que el mismo Mons. D. Juan Antonio del Val Gallo —que, antes de ser nombrado obispo, había formado parte de la primera Comisión— nombró en 1989 una segunda Comisión que, lamentablemente, no hizo sino repetir los errores y conclusiones de la primera. Actuó en tal «secreto» que ni siquiera se hicieron públicos los nombres de sus componentes, y no tomó declaración ni a las supuestas videntes ni a los testigos más autorizados. Cuando el estudio concluyó, ni siquiera fue publicada una nota oficial al respecto.

La Diócesis de Santander siempre ha asegurado que no ha encontrado en el contenido doctrinal de las apariciones de San Sebastián de Garabandal nada que vaya en contra de la fe de la Iglesia. Eso es importante. En cuanto a los fenómenos en sí, afirma que «no consta sobrenaturalidad», confesando de esta manera que el caso no está cerrado, ni mucho menos condenado, como lo confirman las intervenciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero los testigos siguen sin tener explicación de por qué «no consta la sobrenaturalidad» de unos hechos que vivieron y para los que no encuentran respuesta.

¿Qué significa esta expresión: «No consta sobrenaturalidad»? Es un concepto fundamental para comprender la situación de Garabandal. Frente a una presunta aparición, tras un correcto discernimiento, la Iglesia puede pronunciarse en una de estas maneras:

1.- «Consta el origen sobrenatural». Es decir, ha habido una aparición del Señor, de la Virgen, de un santo…
2.- «Consta el origen no sobrenatural». Es decir, no ha habido aparición y nos encontramos ante un fraude, un fenómeno de autosugestión o, en el peor de los casos, ante una intervención diabólica.

Pero cuando la Iglesia todavía no lo ve todavía claro, cuando faltan datos sobre los que investigar, cuando aún no sabe con certeza cuál es el origen de su suceso… declara que «no consta el origen sobrenatural». Esto no significa que no ha habido aparición, sino que aún no consta, aún faltan evidencias. La posición de la palabra «no» es clave cambia totalmente el sentido de frase. En este estado se encuentra Garabandal: «No consta el origen sobrenatural». Pero esta declaración no es definitiva y, mientras que no se llegue a una declaración definitiva, la Iglesia no solo puede sino que debe estudiar lo ocurrido y sacar de la ignorancia a sus fieles.