Las niñas
Las cuatro pequeñas videntes.

Las protagonistas de nuestra historia son cuatro niñas: Conchita González, Jacinta González, Mari Loli Mazón y Mari Cruz González, todas ellas nacidas en San Sebastián de Garabandal. A pesar de la coincidencia de apellidos, las niñas no son familia entre sí. En el momento de comenzar las apariciones, Conchita, Jacinta y Mari Loli tenían doce años, mientras que Mari Cruz tenía solo once. Hasta el 18 de junio de 1961 en que comienzan nuestros fenómenos, no se habían distinguido en nada de los demás niños del pueblo. Como todos, asistían a la escuela cada mañana, con su maestra doña Serafina. Como todos en este pueblo agrícola y ganadero, cuando salían del colegio, también ellas ayudaban a sus padres en el trabajo del campo, cuidaban las ovejas, recogían hierba para las vacas o leña para las cocinas. Y, como todos, iban a misa y al catecismo con su párroco, don Valentín, y le recitaban poesías a la Virgen en el mes de mayo… Son niñas normales: simpáticas, juguetonas, muy trabajadoras, de costumbres sanas. Son niñas muy niñas, de mirada limpia e inocente. En esos momentos, a Garabandal no llegaba ni el teléfono ni la televisión, y la carretera no era más que un empinado camino de tierra pisada.

Pronto, al lado de las niñas en éxtasis, se vieron aparecer a sacerdotes y médicos decididos a probar la verdad o falsedad de las apariciones. Unos y otros pudieron verificar que eran niñas perfectamente sanas y equilibradas, sin ansias de espectacularidad.

Los eclesiásticos realizaron sus indagaciones a nivel teológico y doctrinal, y examinaron la vida de las niñas. Comprobaron que, en todo el tiempo que duraron las apariciones, las niñas no desatendieron sus obligaciones ni en la escuela, ni en casa. Y eso a pesar de que la aparición las hubiera mantenido en vela hasta altas horas de la madrugada, sufriendo muchas veces las inclemencias del tiempo: la lluvia, el frío o la nieve. La misma Virgen les repetía a menudo que fueran obedientes a sus padres. También las animaba a hacer sacrificios, en concreto por los sacerdotes, para que fueran santos, y por los que dudaban, para que fueran fieles a su vocación. Les enseñó a tener horror al pecado, ayudándolas a formar su conciencia, respondiendo a las mil preguntas que le hacían las niñas. Las niñas afirmaron que después de ver a la Virgen tenían más ganas de amar a Jesús y a María, y de hablar a todos del Señor y de su Madre Santísima. Llamaba la atención ese trato sencillo y confiado que las niñas tenían con su Madre del Cielo que, en ocasiones, hasta jugó con ellas y que, con frecuencia, las despedía con un beso.

Los médicos, por su parte, realizaron normalmente sus investigaciones a título personal. Con asombro, comprobaron los extraños fenómenos físicos que acompañaban a los éxtasis. Durante estos, la insensibilidad al dolor era total, aun cuando se les pinchase con agujas o incluso se les quemase con cigarrillos. Sus cuerpos adquirían un peso extraordinario que hacía imposible levantarlas u obligarlas a hacer el más mínimo movimiento de sus miembros. Sus ojos abiertos contemplando la aparición no reaccionaban ante la luz de focos potentes y de flashes fotográficos. Corrían hacia el lugar de su visión llegando antes que nadie, incluso de jóvenes fuertes y entrenados, y llegaban sin señales del esfuerzo físico realizado, mientras que los demás lo hacían ahogados y sudorosos. Caían de rodillas estrepitosamente sobre las rocas sin hacerse ningún daño. Caminaban en éxtasis hacia delante y hacia detrás por las callejuelas mal empedradas de la aldea o incluso campo a través, con la cabeza totalmente alzada, sus ojos fijos en lo alto todo el tiempo y, sin ver por dónde iban, sin caer ni tropezar. Devolvían a sus dueños, la mayor parte de ellos desconocidos, sin jamás equivocarse los centenares de objetos que en cada aparición besaba la Virgen Se dieron casos de curaciones de índole físico y más aún de tipo espiritual, y conversiones notables. En Garabandal, la Virgen parece especializada en sanar los corazones y las almas.

Mucho se ha hablado acerca de las «negaciones» de las niñas. Es curioso, pero la Virgen se lo había avisado mucho tiempo antes de que ocurrieran, y ellas no se lo podían creer. «¿Cómo vamos a negar si te estamos viendo?», decían confiadas. Poco sabían ellas de las oscuridades interiores a través de las que el Señor purifica a las almas y consolida sus obras. Quizás tampoco supieron medir sus fuerzas, la de cuatro pobres niñas de aldea, frente a la abrumadora presión de tantas personas a las que respetaban y querían obedecer. Expertos teólogos que han estudiado los fenómenos de Garabandal afirman que más que de negaciones habría que hablar de «vacilaciones momentáneas» y, por otra parte, perfectamente comprensibles dada la situación en la que se encontraban. Lo que es claro es que, frente a los hechos concretos y reales presenciados y estudiados por multitud de testigos, estas débiles vacilaciones, no pueden usarse como argumento para juzgar los fenómenos.

A medida que fueron creciendo, las cuatro niñas fueron abandonando el pueblo natal. Las cuatro se casaron y fueron madres. De ellas, Mari Loli falleció el 20 de abril de 2009, a los 59 años de edad, a consecuencia de un «lupus eritematoso» en el aparato respiratorio. Quizás a muchos les sorprendió que las pequeñas videntes no se consagraran a Dios como religiosas pero, ¿no estamos todos llamados a la santidad en el estado en el que Dios nos llame? También en este aspecto, las apariciones de Garabandal aparecen en clara continuidad con la doctrina del Concilio Vaticano II que —casi contemporáneo en fechas— proclamaba la llamada universal a la santidad en todas las vocaciones (Cf. LG cap. V).