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«Garabandal, solo Dios lo sabe» se estrena en México el 21 de septiembre de 2018 y llegará próximamente a todo Latinoamérica. Es la primera película que se realiza teniendo como argumento las supuestas apariciones de la Virgen María en San Sebastián de Garabandal, pequeña aldea del norte de España, y que tuvieron lugar entre los años 1961 a 1965. Mater Spei AIE —productora del film— siempre ha afirmado que corresponde a la autoridad de la Iglesia católica la valoración definitiva de los acontecimientos que tuvieron lugar en Garabandal. A ese juicio se somete «Garabandal, solo Dios lo sabe», que ni afirma ni niega la sobrenaturalidad de los hechos que relata y se ha limitado a poner en imágenes lo que cualquier testigo que se acercara al pueblo en esos años hubiera podido vivir. Pero la pregunta que muchas personas se pueden plantear es: ¿Por qué? ¿Por qué había que hacer esta película? ¿Y por qué habría que ir a verla?

La respuesta es muy sencilla: porque los mensajes que las cuatro pequeñas videntes de Garabandal nos transmitieron —afirmando haberlos recibido de labios de la Virgen María— son enormemente oportunos para nosotros hoy, y nos ofrecen indicaciones muy concretas y muy saludables dirigidas a la conversión de la Iglesia y de la humanidad entera. Por eso, urge estudiarlos y darlos a conocer. Por eso nace esta película.

Es importante precisar que las apariciones de San Sebastián de Garabandal no han sido condenadas por la Iglesia y, por lo tanto, que nada prohíbe que sus mensajes se den a conocer. De hecho, lo que sabemos con seguridad es que la Iglesia no ha encontrado error doctrinal en los mensajes de Garabandal. Así lo ha afirmado el Obispado de Santander en repetidas ocasiones, por ejemplo, en la nota de Mons. Eugenio Beitia del 8 de julio de 1965: «(Los mensajes) contienen una exhortación a la oración y al sacrificio, a la devoción eucarística, al culto de Nuestra Señora en formas tradicionalmente laudables». 

Pero resulta sorprendente que niñas tan pequeñas y procedentes de una aldea tan aislada, en una España tan profundamente católica como era en esos momentos, afirmaran con tanta seguridad que: «Los sacerdotes, obispos y cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas más almas». O esta otra de que: «A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia». Ellas no habían tenido experiencia de situaciones tan dolorosas, la Iglesia que conocían era bien otra. Por eso, a día de hoy, no podemos sino reconocer que estamos viendo cumplirse una profecía. 

¿Qué pidió la Virgen en Garabandal? Pidió que nos convirtiéramos; que reconociéramos la gravedad de nuestro pecado; que rezáramos más; que meditáramos el Evangelio, especialmente la Pasión del Señor; pidió que reforzáramos nuestra vida eucarística... ¿No es bueno y oportuno este mensaje? Ciertamente que sí. Es un mensaje de una enorme actualidad sobre el que debemos reflexionar seriamente porque, si de verdad la Virgen se apareció en esa pequeña aldea, es una tremenda responsabilidad llevar cincuenta años sin escucharla. 

La Iglesia tiene que seguir reflexionando, pero es cierto que los estudios realizados hasta ahora no son capaces de responder a las muchas preguntas que miles de testigos —muchos de ellos personas altamente cualificadas— se hicieron y se siguen haciendo. También es un hecho que los mensajes y la experiencia de Garabandal están produciendo numerosos encuentros personales con Cristo y su Madre, generando frutos de conversión y de profundización en la fe en muchos fieles que los han ido conociendo. Es una verdad objetiva que, los lugares de apariciones marianas, son el foco espiritual más grande de la Iglesia actual, como nos lo demuestra la Basílica de Santa María de Guadalupe, Reina de México y Emperatriz de América. Por eso, contemplando la crisis social y religiosa que nos rodea, cabe preguntarse si no estamos manteniendo cerrada una fuente que —sin ser imprescindible— necesitamos, y que podría contribuir a fecundar la Iglesia y la humanidad entera.