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Alcazar bus

«Garabandal, solo Dios lo sabe» se estrenaba, el pasado 25 de mayo de 2018, en Alcázar de San Juan, Ciudad Real (España) con una afluencia de público tal que obligó al cine que alojaba la película a abrir dos salas en vez de una. Desde una población cercana se presentaron dos autobuses llenos de gente. Rafa Samino, Fernando García Linares, Carmen Arcas y Manuel Gómez —cuatro de los actores de la película— estaban en Alcázar de San Juan para acoger y acompañar a los espectadores. Ellos mismos nos cuentan la experiencia.

Alcazar de San JuanEl pasado día 25 de mayo de 2018 acudíamos entusiasmados al estreno de la película «Garabandal, solo Dios lo sabe» en Alcázar de San Juan, un pueblo de Ciudad Real (España) enclavado en plena llanura manchega. Por un lado, Manolo y Carmen salían desde Cuenca. Por otro, Fernando y Rafa desde Toledo. En nuestros corazones, la misma ilusión de cada estreno, la misma confianza, la misma certeza de que Nuestra Madre iba a transmitir su bendición —una vez más— a través de «su película».

Éramos conscientes del gran trabajo de difusión que había realizado todo el equipo de voluntarios,Alcazar de San Juan4 comandados por Raimundo, su «piloto». Como se dice en España, «habían dejado el resto» en el empeño de llenar el cine con vecinos no solo de Alcázar de San Juan, sino de pueblos de alrededor como Miguel Esteban, Puebla de Almoradiel o El Toboso. Pero también vinieron desde Las Pedroñeras y de Camuñas, por cierto que este último es el pueblo natal de Manolo. ¡Así estaba él de ilusionado!

¡Y vaya si tanto esfuerzo no dio abundantes frutos! Aparte de las personas que fueron en sus coches particulares, de la localidad de Miguel Esteban se fletaron dos autocares llenos a reventar de vecinos que no querían perderse el gran acontecimiento de que la Virgen de Garabandal viniera a su comarca a través de la gran pantalla. ¡No se lo podían perder! Y allá que se fueron con la convicción de que la jornada no les iba a dejar indiferentes. En el viaje, la alegría y el saber estar de estos hijos de María no dejaba de notarse y, una vez llegados al lugar de destino, aquello acabó en grandes muestras de felicidad y de sana alegría.

Alcazar de San Juan2Allí, al pie de los autocares, estábamos los cuatro actores para recibirlos, para ponernos a su servicio y para compartir con ellos aquella experiencia memorable.
Saludos, presentaciones, besos, abrazos y fotos, muchas fotos, que iban hinchando todo nuestro ser y nos hacía volver una mirada de gratitud hacia la Buena Madre.

Ya en el cine, el dueño del local tuvo que habilitar dos salas, pues en una no cabíamos todos. ¡Qué maravilla! Para poder presentar la peli, nos dividimos y allá que nos fuimos, dos a cada sala. Antes de empezar el film, intentamos llevar a sus corazones el entrañable Amor de la Madre hacia sus hijos. Manolo estaba visiblemente emocionado. Era normal. No en vano eran las tierras que le vieron nacer y que fueron testigo de sus primeras correrías, las que recibían (¡¡y de qué manera!!) este soplo de aire fresco.

Las presentaciones no defraudaron y la peli.... ¡¡menos!! ¡Qué Buena es Nuestra Madre! Nadie pestañeó y, hasta que no se acabó el último crédito, todo el mundo aguantó la emoción que, al final, se desbordó en un largo y sonoro aplauso. ¡Viva la Virgen!

Después, al autocar, para regresar al punto de partida, pero... con un corazón nuevo, desbordado, agradecido. La Alcazar de San Juan5despedida super emotiva. Nuestra Madre nunca defrauda y había dado nuevamente el ciento por uno. Nuevas despedidas, ahora ya en la cabina de los buses. Allí estaban Manolo, Fernando y Carmen emocionados, abrazando, besando, haciéndose fotos, muchas fotos. Recibiendo el calor, el afecto de estos hermanos. Sí, hermanos, que hasta hacía bien poco eran desconocidos, pero, a partir de esos momentos, se habían convertido en nuevos miembros de esta gran familia que se está formando alrededor del Manto de Nuestra Madre por medio de «Garabandal sólo Dios lo sabe». Y Rafa abajo, con los rezagados, pero no por ello menos agradecidos, menos emocionados. Y más besos, más abrazos, más fotos y muchas, muchas lágrimas.

Los espectadores se fueron a sus casas y nosotros a la nuestra. Manolo y Carmen a Cuenca. Varias horas de viaje, pero ¡qué importaba! Entre comentar la cara de satisfacción de este o del otro, la consideración de aquél, las sensaciones de unos, el agradecimiento de tantos, el camino se deshizo con rapidez... Y la certeza de sentirnos unos privilegiados en manos de la dulce Madre, de poder vivir en primera persona tantas gracias derramadas, hacía que todo el esfuerzo fuera altamente recompensado. ¡Gracias, Madre!

Fernando y Rafa a Toledo. El viaje más corto, pero igual de placentero. Pasó volando entre comentarios y experiencias, largas pausas y largos silencios para saborear, en la serenidad de los kilómetros quemados, el honor inmerecido de ser coprotagonistas de una auténtica «Historia de Amor», de una verdadera Historia de Salvación.

¡Cuánta Misericordia! ¡Gracias, Madre!

Rafa Samino, Fernando García Linares, Carmen Arcas y Manuel Gómez