Desde Puerto Rico

Esta tarde viajé — a través del cine—a Garabandal. Llevaba el corazón inquieto. Había leído mucho, orado mucho para este encuentro entre Dios, María y yo. Ya había dejado las emociones efímeras fuera y solo quedaba un corazón dispuesto a la escucha de Dios.

La película es un abandonarse a la fe desde la cotidianidad, es un signo vivo para abandonarnos en la maternidad de María. Cada personaje del rodaje se vuelve un remolino de voces en el interior que grita: «Cree, confía, estoy contigo».

Me he quedado llena de Dios y de su misericordia, con un profundo deseo que arde en el corazón, y que brota de la sencillez, de donar la vida a través de las pequeñas cosas de la cotidianidad. Ser un poco más como María, llena de la gracia con el prójimo, llena de Dios en su amor para con nosotros.

Desde Puerto Rico