María Llorente Piriz (Madrid)

Me ha gustado muchísimo la película por su naturalidad, su sencillez y por el buen hacer de gente que —por primera vez en su vida— se ponía frente a las cámaras. Pero lo importante no es eso, lo importante es la maravilla de mensaje que da la Virgen, siempre el mismo y siempre diferente en cada aparición.

Mi amor a la Virgen es muy grande, inmenso. Ella es mi refugio y mi consuelo en las circunstancias duras que he tenido en la vida. Siempre ha estado ahí, como Madre que es. La he visitado en Lourdes, en Fátima y en Medjugorje, y espero poder visitarla en Garabandal. Nunca he tenido dudas de su presencia en estos lugares y en la película he vibrado con el amor de esas niñas.

La Virgen siempre nos dice lo mismo: rezar, rezar y desagraviar por todo lo que se ofende a su Hijo. Da mensajes similares, y para mí, precisamente en eso radica su veracidad. Cada vez que me hablan de la Virgen, o en situaciones como esta de ver esta película, mi amor crece y me hace ser mejor, con propósitos de quererla más y más.

María Llorente Piriz, de San Sebastián de los Reyes (Madrid)