Esperanza Marín

Ya mientras me acercaba al cine iba sintiendo una mezcla de emociones difícil de describir. Tenía una enorme curiosidad en ver cuánta gente habría, con qué actitud habrían acudido a ver la película… ¿con prejuicios?, ¿con amor a la Virgen y a la Iglesia? Con la sala llena, la película comenzó y enseguida envolvió todo con unos paisajes y una banda sonora impresionantes. Más de una vez me giré para observar, entre asiento y asiento, la cara de los espectadores de la fila superior. Todo era expectación y admiración. Me atrevería a decir que también vi recogimiento. Parecía que el cine se había vuelto, de repente, un lugar de oración. ¡Cuánto nos quiere la Virgen!

Esperanza Marín