Los testigos

Muchas personas escriben y hablan sobre las apariciones de San Sebastián de Garabandal. Eso es una buena señal, porque muestra el gran interés que siguen suscitando los hechos allí ocurridos. Pero, ante cualquier acontecimiento, a quien queremos escuchar es a los testigos, a los que vieron en primera persona lo que pasó, a los que conocieron de primera mano a sus protagonistas. Eso mismo nos sucede en Garabandal: queremos escuchar a los que lo vivieron; queremos saber qué pruebas recibieron para creer que la Virgen estaba allí; queremos escuchar sus reflexiones y también sus argumentos.Y también queremos saber qué frutos está dando Garabandal: queremos escuchar a esos otros testigos que afirman que la vida les cambió en Garabandal porque recibieron allí una gracia de conversión, de sanación espiritual o incluso física, de crecimiento en la fe, de consuelo interior. Con esta sección están invitados a contribuir todos los que se experimenten —de una forma o de otra— testigos de las apariciones de Garabandal. Quien lo desee, puede enviar su testimonio a través del correo electrónico: press@peliculagarabandal.com

Solo puede venir del cielo

La madre y otros familiares de Pilar Asenjo fueron testigos de las apariciones de Garabandal. Pilar nos cuenta sus recuerdos a través del Facebook de la película «Garabandal, solo Dios lo sabe». Su hermana Uca lo corrobora.

Estoy encantada de poder contarles lo que nos contaba mi madre. Yo tenía catorce años. Mi pueblo está muy cerca de Garabandal. Mi madre iba muchas veces. Vio incluso cuando la Hostia se puso en la boca de Conchita. Fue testigos de tantas veces en las que llovía, pero que las niñas no se mojaban. Estuvo en «la noche de los gritos». Vio a las niñas con todos los brazos llenos de medallas, y cómo ponían a cada uno la suya.

La Calleja era un camino lleno de piedras. A la gente la costaba mucho andar, pero ellas subían el camino para atrás y, a veces, levitaban. Cuando sentían la llamada de la Virgen, caían al suelo las cuatro. Y a pesar de tantas piedras como había, no se hacían nada. También nos contó una vez que, a una de las niñas, a Mari Cruz, no la dejaba subir sus padres cuando sintió la llamada de la Virgen. Salió al balcón y, entre muchos hombres, no consiguieron levantarla.

Todo esto lo vio mi madre. Por desgracia ya no está aquí, pero ella podría contarles muchísimas cosas que vio. Por todo lo que mi madre nos contaba, yo lo creo firmemente. Mi familia lo vio. Nadie se lo contó. Mi madre vio muchísimas cosas que no puedo contar pues sería muy largo. También una tía mía dio su medalla a una niña para que la bendijera la Virgen y, estando en éxtasis la niña y mirando al cielo y con todo el brazo lleno de medallas, la puso la suya.

Ojalá que la gente crea, porque lo que allí pasó solo puede venir del cielo.

Pilar Asenjo

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