Los testigos

Muchas personas escriben y hablan sobre las apariciones de San Sebastián de Garabandal. Eso es una buena señal, porque muestra el gran interés que siguen suscitando los hechos allí ocurridos. Pero, ante cualquier acontecimiento, a quien queremos escuchar es a los testigos, a los que vieron en primera persona lo que pasó, a los que conocieron de primera mano a sus protagonistas. Eso mismo nos sucede en Garabandal: queremos escuchar a los que lo vivieron; queremos saber qué pruebas recibieron para creer que la Virgen estaba allí; queremos escuchar sus reflexiones y también sus argumentos.Y también queremos saber qué frutos está dando Garabandal: queremos escuchar a esos otros testigos que afirman que la vida les cambió en Garabandal porque recibieron allí una gracia de conversión, de sanación espiritual o incluso física, de crecimiento en la fe, de consuelo interior. Con esta sección están invitados a contribuir todos los que se experimenten —de una forma o de otra— testigos de las apariciones de Garabandal. Quien lo desee, puede enviar su testimonio a través del correo electrónico: press@peliculagarabandal.com

Estuve en Garabandal

Este testigo de las apariciones se puso en contacto con nosotros tras ver «Garabandal, solo Dios lo sabe». La película le gustó mucho, porque: «El tema ha sido tratado muy correctamente, presentando los claroscuros de las situaciones y con el debido respeto a la posición oficial de la jerarquía de la Iglesia católica». Y añade: «Felicidades por la iniciativa y confío que se pueda dar un nuevo empuje a los hechos de Garabandal».
 
Mariano Sardina Posada nació en Cantabria (España) pero reside en Castellón desde 1968. Fue testigo de las apariciones en dos ocasiones, en 1961 y en 1962. Estos son sus recuerdos:


Soy un cántabro residiendo en Castellón desde 1968. Estuve en Garabandal una tarde del mes de agosto de 1961. La impresión que obtuve no fue muy clara, pues había ya bastante gente y no pude presenciar bien los éxtasis.

Volví con un amigo, en mi periodo vacacional, en agosto de 1962. Pasamos toda la tarde en San Sebastián. Supimos que Mari Loli había recibido la llamada, y que tendría la visión aquella noche. En la tienda de sus padres estábamos mi amigo, un jesuita joven y un militar de la base de Cartagena. Es decir, cuatro personas, Loli y sus padres.

A la una de la madrugada cayó en éxtasis en el suelo de piedra de la casa. Hablaba y dio a besar las alianzas de mi amigo y la mía. Cuando el militar lo vio, quiso dar la suya a Loli, pero no podía contactar con ella en éxtasis. Después de unos cuantos minutos se levantó y, en éxtasis, salió de la casa y nos condujo en éxtasis a otra vivienda del pueblo, a unos 50 o 70 metros. Subimos las escaleras de la vivienda para visitar a un enfermo. Regresamos luego caminando, ella en éxtasis hacia atrás y llegamos al punto de partida donde, de nuevo arrodillada, continuó en éxtasis. Después de unos minutos se acabó. Recuerdo la cara de felicidad y la sonrisa de la niña. Durante el éxtasis, tuvimos ocasión de comprobar la rigidez de su cuerpo.

Nos despedimos de sus padres, que tenían que madrugar para ir a la faena de la hierba, y retornamos andando a Cosío, que era donde habíamos alquilado las habitaciones. Adicionalmente, querría comentar la conversación que tuve con el padre, en la que me contó el sacrificio que les suponía a ellos esta situación, muy al contrario de lo comentarios que empezaban a aparecer sobre el beneficio que estaban sacando las gentes del pueblo.

He regresado en otras ocasiones recientes al pueblo, y siempre recuerdo esta vivencia con gran alegría.

Mariano Sardina