Los testigos

Muchas personas escriben y hablan sobre las apariciones de San Sebastián de Garabandal. Eso es una buena señal, porque muestra el gran interés que siguen suscitando los hechos allí ocurridos. Pero, ante cualquier acontecimiento, a quien queremos escuchar es a los testigos, a los que vieron en primera persona lo que pasó, a los que conocieron de primera mano a sus protagonistas. Eso mismo nos sucede en Garabandal: queremos escuchar a los que lo vivieron; queremos saber qué pruebas recibieron para creer que la Virgen estaba allí; queremos escuchar sus reflexiones y también sus argumentos.Y también queremos saber qué frutos está dando Garabandal: queremos escuchar a esos otros testigos que afirman que la vida les cambió en Garabandal porque recibieron allí una gracia de conversión, de sanación espiritual o incluso física, de crecimiento en la fe, de consuelo interior. Con esta sección están invitados a contribuir todos los que se experimenten —de una forma o de otra— testigos de las apariciones de Garabandal. Quien lo desee, puede enviar su testimonio a través del correo electrónico: press@peliculagarabandal.com

Sacerdote gracias a Garabandal

 

Este joven sacerdote nunca ha estado en San Sebastián de Garabandal. Sin embargo, la lectura de un libro que le permitió conocer con detalle los hechos allí sucedidos, le introdujo en una relación y en una experiencia de Nuestra Madre que le llevó a descubrir y aceptar su llamada al sacerdocio.

Este artículo fue publicado originalmente en www.garabandal.it

Aunque nunca he estado en San Sebastián de Garabandal, puedo decir que la Virgen se ha servido de los hechos que transcurrieron allí hace más de 50 años para tocar mi corazón y ponerlo de cara al Señor.

Es verdad que sentí la llamada del Señor desde la infancia y la adolescencia, pero fue en mi juventud cuando el Señor me tiró del caballo, me mostró su empeño, y me hizo dar el paso y empezar a discernir si Él me llamaba al sacerdocio, como después de hecho ha sucedido.

La situación fue la siguiente. Yo me encontraba finalizando mis estudios civiles en una ciudad en el norte de España. Había comenzado a salir con una chica a la que había conocido en una peregrinación a Lourdes. Esta relación nos pareció, a ella y a mí, venida del Señor a través de Virgen. Yo estaba saliendo de unas dudas de fe, y esta chica fue una mediación muy importante de la que se sirvió el Señor para que me volviese a fiar de Él.

Sucedió que en el verano que nos conocimos ella me dejó un libro sobre Garabandal llamado «Se fue con prisas a la montaña», del padre Pesquera. Comencé a leerlo, y desde el principio, a medida en que me iba imbuyendo en su lectura, iba experimentando la necesidad de rezar el rosario de rodillas, despacio, con el corazón, y de poner mi vida en manos de la Virgen. Esto se volvió una necesidad cotidiana que desembocó en preguntarle a la Virgen María cuál era la voluntad de su Hijo para mi vida. De este modo, pude reconocer cómo el Señor me había estado llamando al sacerdocio desde siempre, y que esta intuición merecía un voto de confianza.

Poco tiempo después, entré al seminario y hoy soy sacerdote. Puedo decir que le debo mi vocación a la Virgen ya que, desde entonces, a lo largo de estos años, en el discernimiento y en mi vida sacerdotal, he experimentado siempre su ayuda de Madre.

Espero que mi sencillo testimonio pueda servir para dar gloria a Dios por María.

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