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 Nieves Pascual fue la jefa de caracterización y maquillaje de «Garabandal, solo Dios lo sabe». Hay que señalar que era también de las pocas personas allí que realmente sabían lo que tenían que hacer pues, aunque nunca antes había trabajado en cine, cuenta con una amplia experiencia a sus espaldas en el mundo del maquillaje. Nieves nos comenta cómo vivió el rodaje de «Garabandal, solo Dios lo sabe», desde esa privilegiada posición que le permitió estar presente en la grabación de todas las escenas.

1.- Nieves, ¿a qué te dedicas profesionalmente?

Estudié Formación Profesional de 2 º Grado de la Rama de Peluquería y Estética y, dentro de la Estética, me especialicé en maquillaje. Trabajé hasta que fui madre y, desde entonces, solo he trabajado temporadas concretas, para ayudar económicamente en casa. Desde hace tres años me dedico exclusivamente a mi marido y a mis cinco hijos.


nieves12.- ¿Tenías experiencia previa en el mundo del cine antes de colaborar con «Garabandal, solo Dios lo sabe»?

No, nunca he trabajado en cine. Mi trabajo consistía en maquillaje social, maquillaje para novia, maquillaje de caracterización, maquillaje fantasía... La experiencia de hacer cine era totalmente nueva.

3.- ¿Cómo organizabas el servicio de maquillaje en la película?

Porque no eran pocas personas las que tenías que maquillar a lo largo del día…Es verdad, era mucha gente, pero lo cierto es que no fue difícil organizarme. Los días previos a empezar la grabación me prepararon un dossier con las fotos de los intérpretes junto con las fotos y descripciones de los personajes a los que tenían que representar. Con eso, yo ya tenía preparadas mis fichas con datos sobre lo que tenía que hacer, por ejemplo, a quién había que dibujarle un bigote o unas patillas, o a quien disimular algo concreto. Y luego, ya en el rodaje, tenía siempre mis fichas a mano y ahí apuntaba cosas importantes que, con tantos personajes, era muy fácil olvidar. Por ejemplo, los números de las bases de maquillaje de cada personaje, ya que no todos tenían el mismo tono de piel, o qué máscara de pestañas se había aplicado... El secreto, en definitiva, fue apuntarlo todo. Además, siempre había alguien a mi lado dispuesto a echarme una mano.

4.- ¿Es cierto que el equipo de maquillaje lo donaste tú misma? Es decir, que además de regalar a la película un mes de trabajo gratis —el de las vacaciones familiares, por cierto— pagaste el maquillaje de más de 300 intérpretes. ¿Por qué?

Bah... No tiene ningún mérito, de verdad. Yo tenía muchas cosas ya gracias a mi trabajo: dos juegos completos de pinceles, maquillajes translucidos, una mesa auxiliar... Sí, es cierto que tuve que comprar algunas cosas, pero lo hice encantada. Sabía que el presupuesto de la película era cero, y yo siempre estoy en deuda con el Señor. Desde que me casé, siempre he vivido al día y ha habido épocas de verdadera necesidad. Pero el Señor siempre ha estado ahí, nunca nos ha faltado nada. Era verano, mi marido cobró la paga y no lo dudé. A mí me enseñaron que «el que puede más, da más; el que puede menos, da menos; y, el que no puede, no da nada». Yo, en ese momento, podía. 

5.- No hace mucho tiempo que tu familia conoció Garabandal, ¿cómo se ha convertido para vosotros en algo tan importante?

Conocer Garabandal es conocer a la Virgen María. Mi marido y yo nos encontramos con Jesucristo hace aproximadamente quince años y, desde ese momento, primero nosotros y luego nuestros hijos, hemos ido creciendo en la fe. Cuando Garabandal llegó a nuestra vida, quien realmente llegó fue Nuestra Madre. Así lo sentimos todos. Ir a Garabandal es hacer un parón en tu vida para poder de nuevo reconducirla. 

6.- ¿Cuáles fueron para ti los momentos más emocionantes del rodaje?

Muchos, tengo muchos. Soy una privilegiada porque he estado allí desde el minuto cero hasta el final. Sería muy difícil decir alguno concreto... El primer día de rodaje fue muy emocionante. No sabíamos a qué nos enfrentábamos. ¡Tardamos ocho horas en rodar una escena! ¡Y estábamos felices! Pero me quedo con esa escena con la que comienza la película: cuando presionan a Conchita para que niegue que ha visto a la Virgen. Parecía que estaba ocurriendo de verdad. Experimenté el enorme sufrimiento que tuvieron que pasar las niñas con todo esto de las apariciones. En esa escena concreta había un silencio absoluto. Creo que todos los que estábamos allí sentimos un escalofrío. ¡De qué manera la presionaron! Increíble. Era solo una niña. Y además su madre había dado orden de que nadie podía hablar con la niña sin su permiso. Pero esa orden no se respetó.

7.- ¿Cuál ha sido tu impresión cuando has podido ver el resultado de tu trabajo en la gran pantalla?

Estoy muy contenta. Creo que hemos conseguido lo que buscábamos. Las niñas, cuando están en éxtasis, están preciosas y transmiten muchísimo. Se percibe lo que queríamos resaltar: la belleza con la que nos mira la Virgen. También creo que hemos conseguido caracterizar bien a los personajes principales. La película se rodó en agosto y tuvimos varias escenas de interior. Con todo, a pesar del calor, se ha conseguido matizar los brillos. 
Lo cierto es que estoy muy contenta y muy agradecida, tanto con «Garabandal, solo Dios lo sabe» como con la Virgen María, por haber contado conmigo para este maravilloso proyecto. Ha sido un verdadero regalo. De verdad. ¡¡GRACIAS!!

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